Muchos padres y madres primerizos suelen plantearse lo que “es normal” en el comportamiento de su bebé.

La falta de referentes cercanos en la familia y la extendida idea de que hay que respetar el ritmo de desarrollo de cada niño hacen que, en ocasiones, pasen desapercibidas ciertas señales de alerta que nos indican que algo no está evolucionando de  la manera esperada.

Es cierto que cada niño tiene su propio ritmo evolutivo y que éste debe respetarse, pero también lo es que, según la edad, existen una serie de hitos del desarrollo que deberían alcanzarse para garantizar que todo progresa adecuadamente.

La secuencia en la que se adquieren estos hitos es similar en todos los niños, aunque el ritmo pueda variar. Cuanto más se aleje un niño del promedio de edad en el que suele alcanzarse un logro concreto, mayor será la probabilidad de que exista alguna dificultad en su desarrollo.

Una señal de alerta no consiste únicamente en no cumplir un hito en una fecha exacta. Se trata de un patrón más consistente que puede incluir la pérdida de una habilidad previamente adquirida (regresión), la presencia de movimientos asimétricos o una marcada falta de interés en la interacción social. Si los padres observan algo inusual en el desarrollo motor, socioemocional o del lenguaje, es recomendable consultar con un profesional para realizar una evaluación adecuada.

Actualmente, los protocolos de detección precoz establecidos en pediatría y en las escuelas infantiles funcionan de forma eficaz. Aun así, no está de más detenernos a revisar algunas de las señales de alerta más frecuentes durante los primeros tres años de vida.

El primer año es fundamental para el desarrollo del niño. Durante estos meses se adquieren habilidades motoras, sensoriales y comunicativas que sientan las bases para etapas posteriores.

De 0 a 6 meses

  • Si el bebé no reacciona a ruidos fuertes o no gira la cabeza cuando escucha nuestra voz, podría ser necesario revisar su audición.
  • Si el bebé no establece contacto visual o no muestra interés por las caras, puede necesitar apoyo en su desarrollo social.
  • Si el bebé se muestra muy rígido o, por el contrario, presenta poco tono muscular, es conveniente consultarlo con un profesional.

De 6 a 12 meses

  • Si alrededor de los 9 meses no se sienta sin ayuda.
  • Si el bebé no balbucea o no emite sonidos, podría necesitar ayuda en el desarrollo del habla.
  • Si el bebé no muestra interés en jugar o interactuar con los adultos, es una señal a la que conviene prestar atención.

De 1 a 2 años

Entre el primer y el segundo año, el niño comienza a explorar su entorno de forma más activa, a interactuar con las personas y a intentar comunicarse verbalmente.

  • Si al llegar a los 18-19 meses todavía no camina de forma autónoma, es importante consultar.
  • Si al cumplir los 2 años no dice palabras sencillas como “papá”, “mamá” o “agua”.
  • Si no imita acciones del adulto, también puede considerarse una señal de alerta.

A partir de los 3 años

A esta edad, los niños suelen mostrarse más sociables y comunicativos.

  • Si el niño no es capaz de seguir instrucciones sencillas, podría necesitar apoyo en la comprensión del lenguaje.
  • Si no muestra interés por jugar con otros niños, puede presentar dificultades en el desarrollo social.
  • Si realiza movimientos repetitivos, como balancearse o aletear las manos, conviene consultar con un especialista.

Si se observa alguna de estas señales, no hay que temer ser exagerados ni esperar a que desaparezcan con el crecimiento. Por el contrario, la intervención temprana es clave para prevenir dificultades futuras y favorecer un desarrollo óptimo.

En Centro Intelecto podemos ayudarte si observas algunas de estas señales en tu hijo/a.

Macarena Gea Maldonado

Psicóloga sanitaria AN 04835