En primavera comienza la mejor época para iniciar el control de esfínteres en niños mayores de dos años que el próximo curso irán al colegio.
Se suele recomendar empezar en primavera o verano porque, al principio, siempre ocurren escapes y el hecho de que la ropa sea más ligera y la temperatura ambiente más cálida facilita la gestión de estos “accidentes”.
Pero ni la edad ni la llegada del calor deben ser los únicos factores a tener en cuenta al iniciar este aprendizaje. Conviene observar al niño para comprobar que realmente está preparado para llevarlo a cabo. Y aquí es donde surge la pregunta: ¿los pañales se quitan o es el propio niño quien deja de necesitarlos?
Me sorprende cuando los padres me cuentan que, de un día para otro, el niño ha decidido quitarse el pañal. El control de esfínteres es un proceso que requiere tiempo y, aunque es positivo contar con la motivación del propio niño para lograrlo, es el adulto quien debe valorar si realmente está preparado para ello.
Podemos identificar si lo está observando estas señales:
- Comprende órdenes sencillas.
- Su pañal permanece seco durante periodos más largos y sus deposiciones son más regulares.
- Avisa y le molesta que el pañal esté sucio.
- Muestra curiosidad e interés por imitar a los adultos cuando van al baño.
Antes de retirar el pañal, el niño debe conocer las partes del cuerpo y cómo funcionan. Poco a poco tiene que aprender a identificar las señales que aparecen en su cuerpo cuando tiene ganas de hacer pipí o caca. También debe conocer palabras clave como “pipí”, “caca”, “váter”, “orinal” o “cuarto de baño”. Conviene repetirlas con frecuencia para que las relacione y pueda utilizarlas en el futuro.
También es importante elegir un momento en el que la familia pueda dedicar atención y energía a conseguir este objetivo. Si el niño acude a una escuela infantil, es recomendable coordinarse con la educadora, ya que será de gran ayuda durante el proceso.
Y si comenzamos y, pasado un tiempo prudencial, vemos que existe rechazo, que no estamos consiguiendo lo que nos habíamos propuesto y que el niño lo está pasando mal, es mejor parar y retomarlo unos meses después. Quizás no estaba tan preparado como creíamos. No pasa nada.
Siempre se comienza con el control diurno, que la mayoría de los niños suele conseguir entre los dos y los tres años. Posteriormente se alcanza el control nocturno, que puede prolongarse algunos meses más.
Nunca hay que castigarles ni utilizar palabras que les hagan sentirse mal por haber tenido un escape. La clave del éxito es la paciencia y mantener una actitud positiva, valorando los pequeños logros que se vayan alcanzando.
Si tienes alguna duda al respecto, no dudes en contactar con nosotros.
Macarena Gea Maldonado
Psicóloga sanitaria AN 04835

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