La moda infantil lleva años evolucionando hacia una imitación de la moda adulta. Los juguetes, los cosméticos, las películas y la publicidad, en general, tienden a inculcar en niños y niñas patrones de comportamiento y valores que no se ajustan a su etapa evolutiva.

Esta tendencia se conoce como hipersexualización infantil. El informe Bailey (2011) la define como “la sexualización de expresiones, posturas o códigos de vestimenta considerados demasiado precoces”.

Algunos autores, como Llovet-Rodríguez, Díaz-Bustamante y Patiño-Alves (2016), prefieren utilizar términos como “adultización de la infancia” o “erotización de la infancia” para describir el fenómeno por el cual un menor aparenta más edad de la que tiene al exhibir elementos o atributos que lo hacen sexualmente atractivo para otras personas.

Aunque la hipersexualización puede observarse tanto en niños como en niñas, afecta en mayor medida a estas últimas. En los últimos años se ha evidenciado un incremento de la sexualización infantil femenina.

 Es importante diferenciar claramente la hipersexualización del juego simbólico. Este último es un proceso natural y necesario que aparece alrededor de los 2 años y que permite a los niños comprender la realidad a través de la imaginación y la imitación. Así, pueden representar roles cotidianos como ser mamá, doctora o científica. Dentro de este tipo de juego, es normal que exista curiosidad por las diferencias corporales o jueguen a los  “papás y mamás”, siempre desde una perspectiva espontánea, exploratoria y carente de intención erótica adulta.

En 2007, la American Psychological Association (APA) publicó un informe sobre la sexualización de las niñas. En él se señala que la sexualización ocurre cuando se da, al menos, una de las siguientes situaciones:

  • Se reduce el valor de la persona a su atractivo o comportamiento sexual.
  • Se equipara el atractivo físico con ser “sexy”.
  • Se representa a la persona como un objeto, en lugar de como un sujeto con autonomía y capacidad de decisión (cosificación).
  • Se impone la sexualidad de forma inapropiada.

Lejos de ser un simple juego, esta práctica conlleva numerosos riesgos, especialmente para las niñas, como ya se ha señalado. Centrar el valor personal en la apariencia física como fuente de aceptación y éxito social puede derivar en baja autoestima, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos dismórficos corporales y una mayor vulnerabilidad ante situaciones de abuso sexual.

El papel de los adultos es clave en este fenómeno, ya que en muchas ocasiones actúan como promotores,a menudo de forma inconsciente, bien porque “resulta gracioso” o por seguir determinadas tendencias sociales.

Por ello, conviene reflexionar antes de normalizar prácticas como poner uñas de gel a niñas pequeñas, llevarlas a spas infantiles, permitir que reproduzcan coreografías de TikTok o vestirlas como adultas. Estas acciones, aparentemente inofensivas, pueden tener consecuencias importantes en su desarrollo. No dudes consultarnos lo que necesites, en Intelecto estaremos encantadas de orientarte.

 

Macarena Gea Maldonado

Psicóloga sanitaria. Col.: AN-04835